13.5.13

Lectura. Miércoles 15 de mayo, 19 hs.


12.5.13

El paisaje interior, de Mirta Rosenberg. Reseña.



Enlaces, desplazamientos, transformaciones
El paisaje interior, de Mirta Rosenberg, Buenos Aires, Bajo la luna, 2012
No es novedad que Mirta Rosenberg es una de las mejores poetas argentinas, pero con la salida en noviembre de 2012,  bajo el sello editorial Bajo la luna, de su libro El paisaje interior ya no quedan dudas.  Aunque los rankings no sean santos de mi devoción, hay que señalar que fue uno de los libros más votados en la encuesta anual que organiza la revista eñe, en medio de una comentada polémica, ya que en el análisis que hizo Mauro Libertella sobre la elección del libro del año, El paisaje interiorfue ignorado pese a la cantidad de votos recibida.
Nacida en Rosario, en 1951, Rosenberg publicó: Pasajes (1984); Madam(1988); Teoría sentimental (1994); El arte de perder (1998); El árbol de palabras. Obra reunida 1984/2006  (2006).
El paisaje interior está compuesto por cuatro partes: la primera, “Cosas que se vuelven nombres”, reúne poemas que se erigen de forma especular y como envíos a otros escritores, como Iris Murdoch, Gertrude Stein, o James Fenton; la segunda parte “El paisaje interior”, verdadero corazón del libro, son textos breves que pueden leerse como un único poema;  en la tercera, “Bestiario íntimo”, Rosenberg presenta poemas de una serie que viene escribiendo desde hace tiempo, y en “Conversos” incluye traducciones de poesía en inglés que hizo durante los últimos años.
Hay tres palabras que podrían armar el arco voltaico de este libro: enlaces, desplazamientos y transformaciones. Enlaces que tienden un mapa con diferentes vectores, un entramado hacia adentro de la estructura del libro, otro que dispara diálogos con libros anteriores de Rosenberg, y finalmente otro abierto tanto a la tradición literaria como a los contemporáneos.
El primer vector de enlaces se nutre de múltiples correspondencias desperdigadas en un aparente random poético, pero aquí nada está librado al azar.
Por ejemplo la mujer aludida en el poema “Lo que dijo ella”, perteneciente al Kuruntokai: “Hasta el vasto mundo/ dejó a un lado su furor/ para dormir.// Sólo yo/ estoy despierta”, podría ser la misma mujer que en la segunda parte del libro dice: “Si me das por muerta,/ pese al miedo sigo aquí sentada”. Una de las ideas que subyace en el magnífico poema “¿Será la autobiografía”,  donde en diálogo con Iris Murdoch, Rosenberg se plantea la posibilidad de volver a cierta intensidad, para luego descartarla de plano: “Ay, Iris,¿y si vamos juntas/ a zambullirnos en Leteo, sin arrepentirnos de nada al día/ siguiente?…¿No mejoraría mi poesía, su intensidad? ¿No mejoraría? No,/ en verdad, sería lo mismo aunque peor. Se llenaría de/ adjetivos, de la furia de los sonidos…” podría seguirse perfectamente en la línea de Kay Ryan, que encontramos en “Conversos”: “Deja de pesar sobre nuestros corazones./ Retira tu grandiosidad/ de estas regiones”.
Los años de arder están en retirada, y es una retirada colectiva, compartida y dedicada. Es notable el aire de complicidad que se genera en los textos donde las cosas se vuelven nombres: Gertrude Stein, Iris Murdoch, María Moreno, Olvido García Valdés, James Fenton.
Leer este libro es también leer los libros anteriores de Mirta Rosenberg, en especial Teoría sentimental. Hay una notoria continuidad y reiteración de ciertos tópicos. Los limones del maestro Padeletti que afloraban en ese libro: “pero calma, quedan las palabras y la gracia astringente/ del Maestro, con sus tres limones en el plato. Dorado-verde/ y ácido, como cosas de muchacho”,  también están presentes enEl paisaje interior, “la palabra limón,/ tal como mi maestro demostró,/ rima con dragón,/ sobre todo si es dorado/ y parece un lanzallamas”.
Escalar el monte de las rosas (Rosenberg en alemán significa monte de las rosas); es decir escalar el yo, que ya se manifestaba en Teoría sentimental: “Aquí llegué, lo sé, para escalar esta altura consecuente,/ este lingam de blindada superficie, este monte de las rosas,/ arrasado, que en mi padre es punto de partida y en mí,/ punto de caída. Te amo: sólo el vacío es exacto,/ punto de giro”, parece haber alcanzado la cumbre en este último libro: “Saber dominarse./ sentada con la cabeza/ en las nubes, contemplar/ cómo pasan, altas, feas,/ disciplinar las ideas, las palabras de un ejército/ que va de acá para allá/ bajo órdenes del yo/ da pelea, le va mal”. Y elprimer poema de su primer libro Pasajes: “La pasión más fuerte/ de mi vida/ ha sido el miedo.// Creo en la palabra/ (dilo)/ y tiemblo”  contiene, como en un círculo virtuoso, el germen de todo lo que vendrá después, como en este verso de su último libro: “Sentarse a ser pobre./ Tener miedo.”
El paisaje interior es un libro de transformaciones que excede la casuística de la transnominación metonímica. Las cosas vuelven a nombrarse, se desplazan, devienen otra cosa: “haciendo del error virtud//…haciendo de virtud verdad…” e incluso se convierten en personas.
En la primera sección del libro: “Cosas que se vuelven nombres”, encontramos un vaso verde: “en su vaso de vidrio verde, pasa a llamarse Jaime/ en cuanto traspone la puerta de mi casa./ Jaime me recuerda eso que se pierde…”  que luego se transforma, en la segunda parte del libro, en el florero de papá: “Ahora gravito más/ más cercana/ a la raíz que al capullo/ del cerezo ornamental,/ (se está floreando una rama/ en el florero que era de mi papá)…” y se reencuentra en el poema de Fenton, traducido en “Conversos”: “encuentro un jarrón verde y meto adentro/ unas anémonas que crean buen efecto./ Nada de esto me engaña ni un momento…” Un mismo florero que va mutando poéticamente, ya sea convirtiéndose en una persona, en un símbolo o en una función.

Elogio del refrenamiento
Todo lo que gana este libro, lo gana perdiendo. Su divisa es la restricción, acotar y podar lo frondoso para ganar altura.  En esta apuesta de ponderación de lo mínimo cada palabra es necesaria, ya que conforma la estructura inescindible del poema, y no un mero decorado.
            En modo alguno esta poética deja de lado el pathos, todo lo contrario, pero la forma de exhibirlo es a través del refrenamiento, tal como lo expresara Chikamatsu Monzaemon: “Considero que el pathos es enteramente una cuestión de refrenamiento. Cuando todas las partes de un drama están controladas por el refrenamiento, el efecto es más conmovedor”.
No en vano la segunda parte del libro lleva una cita de José Watanabe: “y si mi cuerpo sigue siendo la parte blanda de la montaña/ sabré que aún no soy la montaña”. El poeta peruano escribió un artículo en forma de carta, titulado  “Elogio del refrenamiento” dedicado a su hija, Issa Watanabe: “Creo que el refrenamiento, la contención, es el aspecto que más aprecié de mi padre, el que más me impresionaba. Mis hermanos y yo terminamos por controlar nuestras expansiones ante él. Nunca nos lo pidió, pero de alguna manera supimos que él siempre esperaba de nosotros un comportamiento más discreto, más recogido de maneras. Era una forma de represión, sí, pero no castrante, sino para estar más cerca del orden natural. La naturaleza, aún cuando es violenta, no hace aspavientos. Cuando somos aspaventosos estamos haciendo comentarios agregados e innecesarios a nuestros actos, que son naturales, todos.”

Construcción del paisaje: el valle de las sextinas.
¿El paisaje se construye? Sí, el ojo lo hace, y el oído hilvana los fragmentos. Lo real bordado por el ojo humano. No las cosas tal como son (fantasía esencialista), sino cómo las recuperamos.
Está claro que en Rosenberg el rigor y la exactitud formal son una ética. Una palabra aislada atrae grupos magnéticos de melodías y armonías.
Su labor poética viene a actualizar una de las polémicas más recurrentes en el flaco y árido espacio de la crítica.  La vieja disputa entre verso libre vs. verso medido se avivó en los últimos años en diferentes medios. ¿Escribir en la actualidad un soneto o una sextina, es anacrónico?
Por ejemplo, Pablo Anadón en su blogresponde a un texto de Jorge Aulicino: “La defensa de la rima”, que a su vez responde al ensayo de Anadón“Nuevas aproximaciones a la traducción de poesía en la Argentina”, que se publicara en la revista FénixTambién se puede mencionar la recopilación de artículos con esta temática en el libro El verso libre, Ediciones del Dock, que dio lugar a algunas críticas, como la registrada en la revista Planta. Por otra parte, en Brasil hubo una polémica similar, recogida por el poeta Ricardo Domeneck, en su“Aritmética sem bom manejo”.
Las redes sociales tampoco fueron ajenas a este malentendido; por ejemplo en Facebook, donde el poeta Marcelo Leites subió un fragmento de un texto de Denise Levertov que dice: “Sobre la métrica regular y el verso libre: creo que el uso ‘nostálgico’ de una forma para poner orden donde aparentemente no lo hay, no es poesía. Creo que debemos registrar el caos en el que vivimos y lidiar con él; las formas abiertas pueden permitirnos explorar el caos y ver qué puede ser descubierto allí”. Se generó allí un interesante debate, en el que  por ejemplo Ezequiel Zaidenwerg manifestó: “Mi argumento, para que quede claro, es que existe excelente poesía tanto metrificada como en verso amétrico, y que es un sinsentido declarar sin más que toda poesía métrica es obsoleta, nostálgica, etc”.
Lo cierto es que Rosenberg desde hace tiempo se viene sirviendo de lo mejor de ambos mundos; ya sea formas fijas o regulares como libres, de acuerdo a lo que cada poema o libro necesita. De hacho, en El paisaje interior recurre con frecuencia a la rima tradicional, ya sea asonante o consonante, como a la rima interna. También explora formas métricas tradicionales como la sextina. Rosenberg comprende como nadie el carácter fundacional de la cuestión rítmica, como dijo Olvido García Valdés: “eso que la hace reconocible entre muchos: su estilo es ritmo, y su estilo es alguna clase de fe”.
La primera sextina Lo ferm voler qu'el cor m'intra fue creada por el trovador provenzal Arnaut Daniel, y es una de las formas más difíciles y sofisticadas. Ha tenido ilustres cultores, como Luís de Camões, Dante Alighieri, Ezra Pound o Elizabeth Bishop. Se compone de 39 versos, por lo general endecasílabos, estructurados en seis estrofas de seis versos y una contera final, de tres versos. En vez de recurrir a la rima tradicional, trabaja con una “palabra-rima” al final de cada verso, exigiendo la aparición de esas mismas palabras en una secuencia específica: 123456 - 615243 - 364125 - 532614 - 451362 – 246531. Este tour de force técnico produce un ritmo muy especial, una suerte de dislocación del ritmo, pero una dislocación que obedece a un patrón de desplazamiento y reubicación.
Rosenberg utiliza la sextina en los poemas “Manuel”, y  “Con Olvido”, “pero siempre introduciendo algún elemento de distorsión que las vuelve imperfectas, deliberadamente”, tal como declarara en el reportaje que le hiciera Osvaldo AguirreEstas dos sextinas dialogan con la traducción de “Un milagro para el desayuno” de Elizabeth Bishop. En ningún caso esta destreza técnica es exhibida con vano alarde, sino que la comprensión de la forma define su universo semántico.

Devenir animal
Como parte de las transformaciones señaladas, encontramos una metamorfosis especial en el bestiario que integra la tercera parte del libro: “…Bestiario es algo que vengo escribiendo desde hace más de dos décadas. De tanto en tanto escribo un poema sobre un animal, que sirve como recordatorio de algún hecho importante de mi vida, una suerte de calendario privado que pienso seguir incluyendo en lo que publique, en la medida que aparezcan nuevos poemas…” manifiesta Mirta Rosenberg, en la entrevista que le realizara Ezequiel Alemian para la revista eñe.
Desde la levedad del gato que sabe de antemano que nadie lo querrá como querría, a la voracidad de la morena carnicera. Desde la risa inexplicable de la hiena o la imaginación de los perros, se pone en escena aquello que Deleuze denominaba devenir animal.
La relación entre animal y humano no funciona en El paisaje interior como oposición sino como simbiosis. Es una reflexión acerca de lo que significa esta simbiosis como imagen de lo que podríamos pensar como el “alma” humana: de nuestro ser, al mismo tiempo animal y humano. Un devenir-animal.  Lo que importa no es la diferencia entre animal y humano, sino la relación. Se trata de aprender a pensarse como una afinidad, más que como identidad o mimesis; una afinidad que además se ancla ya no en la mismidad sino, al contrario, en la pluralidad;  este vínculo, la potencia de esta relación o su proyección hacia el devenir, hacia la propia transformación con y a través del otro, en el tiempo: “Si alguien querría ser una tortuga/ sería yo:/ hacer de una sección cónica/ mi propia sede prehistórica/ alojada en la espina dorsal”.

Ultimar la biografía
El título del libro proviene del término inscape, acuñado por Gerard Manley Hopkins y que suele traducirse erróneamente por esencia, entonces Rosenberg optó por traducirlo literalmente, y eso es el paisaje interior. Es una mirada que viaja y atraviesa el yo, pero no para reponerlo intacto, sino para suturar la herida, y esa herida es la escritura misma. Ya lo dijo Mandelštam: “El poeta, en cuanto contemporáneo, (...) es lo que impide al tiempo formarse y, a la vez, la sangre que debe suturar la ruptura”. 
Una poesía como condensación de sentido y como acción de vaciado (no el vacío). Una poesía que se despliega extraterritorialmente para luego buscar adentro, en el inscape, algún tipo de anclaje frente a la intemperie de la lengua materna. Por eso Rosenberg arma, como nueva esperantista, una casa bilingüe.
La columna vertebral del libro es la segunda parte, donde lo corpóreo tiene un protagonismo absoluto. La posición y posibilidades del cuerpo definen la concepción espacial y establecen un nuevo punto de vista,  donde la cabeza reina y disciplina al yo “obstinada en ganar altura,/ acontecer allá arriba,/ gobernar. El paisaje/ interior, Manley Hopkins,/ sangra por la herida,/ sutura el yo…”.
La cabeza está en alto, pero en cada poema la orden es sentarse.  Una inmovilidad que obliga a bajar el centro de gravedad, “más cercana/ a la raíz que al capullo/ del cerezo ornamental” para terminar en una casa tan chica “que es mi casa de las palabras”. En esa casa se teje la autobiografía para disciplinar el vicio del yo. Obedecer, sentarse y al último acto.
Rosenberg nos ahorra el murmullo previo del poeta, los prolegómenos y los apuntes preparatorios para ir directo al corazón del asunto. Se distancia de lo real, y a través de enlaces, desplazamientos y transformaciones, propone a lo real nuevas posibilidades de ordenamiento.
  


Alejandro Méndez

2.2.13

Matilde Campilho (Lisboa,1982 -)

Extraído de la Revista Modo de Usar



Príncipe no roseiral

Escute lá
isto é um poema
não fala de amor 
não fala de cachecóis 
azuis sobre os ombros 
do cantor que suspende
os calcanhares 
na berma do rochedo
Não fala do rolex 
nem da bandeirola 
da federação uruguaia
de esgrima 
Não fala do lago drenado
na floresta americana
Não diz nada sobre 
a confeitaria fedorenta
que recebe os notívagos
para o café da manhã 
quando o dia já virou
Isto é um poema 
não fala de comoções
na missa das sete 
nem fala da percentagem 
de mulheres que se espantam
com a imagem do marido
aparando a barba no ocaso
Não fala de tratores quebrados
na floresta americana
não fala da ideia de norte 
na cidade dos revolucionários
Não fala de choro 
não fala de virgens confusas
não fala de publicitários 
de cotovelos gastos 
nem de manadas de cervos
Escute só
isto é um poema 
não vai alinhar conceitos
do tipo liberdade igualdade e fé
Não vai ajeitar o cabelo
da menina que trabalha
com afinco na caixa registadora
do supermercado 
Não vai melhorar 
Não vai melhorar 
isto é um poema
escute só
não fala de amor 
não fala de santos 
não fala de Deus 
e nem fala do lavrador 
que dedicou 38 anos
a descobrir uma visão 
quase mística
do homem que canta
e atravessa 
a estrada nacional 117
para chegar a casa
ou a algum lugar 
próximo de casa.

§

Época da colheita de lã

Faz hoje um ano e meio que inundaram o canal de Danesdale para dar passagem à procissão dos castores. Ainda estou sem saber como é que se faz um poema mas pelo menos já sei dobrar a roupa. Tenho-me recusado a falar sobre aquelas coisas habituais, como o coração de Deus, a corrida dos gaiatos, a visão macroscópica que incide sobre a dobra dos calções do atleta, o cílio do peixe preto que todos os dias roça o peito do mergulhador das manhãs, o resultado da partida de baseball no Connecticut ou a forma mais correcta de escrever baseball. Acho que o esporte é uma coisa reconfortante porque se realiza sempre sobre um solo fértil e também porque o posso abandonar a qualquer instante ou voltar a ele em qualquer instante. Fred ainda está vivo, ainda limpa o balcão do bar com o pano encardido e sei que sempre que regressar à cidade posso entrar no bar, sentar-me ao balcão e perguntar-lhe sobre a performance de Hank Aaron. Fred sabe tudo sobre o voo. Descobri inúmeros elementos transformadores da vontade, mas também não vou distender-me aqui em palavrões ou frases demasiado compostas só para encontrar um sentido no decorrer da sentença. O melhor pianista do país morreu esta tarde e tinha os cabelos iluminados de fogo. Sônia diz que ele fazia lembrar erupções de querubins no asfalto, Eric não para de chorar. A amendoeira do canal foi rasgada a canivete mas o desenho gravado não é de todo a tatuagem mais feia do mundo. Etc. Etc. Etc.

§

Badland 

Não sei se sou homem
já não sei se sou
homem
se sou besta
se tenho olhos azuis
ou mesmo se visto
camisa azul.
Também já não sei
se seguro um toco
meio ardido, aqui sentado
na esplanada desta cidade
cujo nome é Tavizkam.
Não sei se sobre meu ventre
foi depositada uma concha, há uns
1000 dias atrás.
Não sei se sou automático, se devo
trabalhar, pagar o revólver a prestações,
fazer remo, correr na calçada, usar
camisa esquadrinhada, escrever em
cedro esquadrinhado. Eu não sei
se possuo uma barca, se possuo
ossos que podem apodrecer
a qualquer hora. Eu não sei os nomes
dos poetas todos mas sei que os poetas
todos são os novos roqueiros. Eu não
sei, só sei que antes julguei que
os poetas eram escavadores.

Aquele amor
aquele que eu pensei
que se despedaçaria como
um meteorito no Minnesota
(uma coisa assim
estrondosa abusiva
gritante maravilhosa
estilhaço prolongado
cheio de uivos)
afinal caiu silencioso
como um aviãozinho de papel
passeando em Itaparica
em dia da apanha dos morangos.

Não sei se sou homem,
se sou mulher. Mas este
é o caminho do estio
e por perto passam os bois.

§

Explicação do sopro

Século XXI. Certos homens se fecham em quartos de hotel porque nos lugares anônimos é muito possível ficar encostado numa parede branca vendo a água correr no chão do chuveiro. Dois rapazinhos pegam as bicicletas e pedalam quatrocentos e vinte quilômetros até achar a costa. Ao alcançá-la, tiram suas roupas e não mergulham: só encostam a zona lombar na areia e repetem até ao infinito a ladainha da tabuada do sete. Um bombeiro termina seu turno de vinte e quatro horas e entra no boteco junto à estátua de São Tarso. Pede um conjunto de sete pães de queijo e nos espaços entre cada um dos pães ele fica procurando um pedaço da túnica de Deus. O motorista do ônibus sabe perfeitamente que dentro da mala da senhora de rosto limpo tem uma caixa de jóias que contém uma caixa de medicamentos que contém uma caixa de anel que contém uma bala. O tocador de kalimba está muito consciente de que hoje o mantra nasce da mistura de um cântico de procissão com o latir do cachorro, e está consciente também de que todo o desenho acha sua acústica perfeita nas pequenas eremitas. Aquele que pinta a natureza, o ladrão de ossos, sabe que deve empreender seu trabalho em posição horizontal, de corpo muito junto ao chão. E se por acaso o observarmos no processo por mais de oito minutos, podemos reparar que sua caixa torácica constantemente toca a tela, sempre na mesma cadência. Porque ele, herdeiro de todos os impressores e selvagens, sabe que só tem uma forma de desenhar as flores: na terra. A moça de vinte e sete anos ainda está sentada ao toucador, de frente para o próprio rosto, absolutamente indecisa sobre qual dos objetos escolher. Entre o baton alaranjado, a carabina calibre 12, o pó de arroz e o crucifixo em miniatura vai uma distância de dois passos a galope.

§

Fur

                                           com cara de Whitman
foi assim que você pensou que eu viria ao mundo
foi assim que que você me viu na floresta
foi assim que você me viu pendurado no poste elétrico
sempre pendurado num ramo qualquer, sempre usando
o verão.
você se lembra daquele verão no Brooklin
em que ficámos perseguindo os bombeiros
durante todo o dia apenas para ver
uma vez e depois outra vez
o leque aquático que se abria sobre o fogo?
você citava poetas húngaros mas nesse tempo
eu só queria saber de inventar uma língua
que não existisse.
você se lembra do concierge que nos recebia
na pensão do Brooklin como se nunca
nos houvesse visto antes?
e não havia semana que passasse
em que nós não dormíssemos
pelo menos uma madrugada
na pensão do Brooklin.
me lembro dos dólares amassados
que eu semanalmente tirava do bolso
para pagar a Doug
eu sabia o nome de Doug
o Doug nos tratava disfarçadamente
por menina e menino.
você falava que os dólares vinham
sempre com uma forma diferente
eu adoro como você consegue tirar um coelho do bolso
eu adoro como você consegue tirar uma lâmpada do bolso
eu adoro como você consegue tirar a Beretta 92fs do bolso

foi assim que você pensou que eu ficaria
no mundo
com corpo de besta vestida
usando um lápis pousado na orelha

foi assim que você me viu
pedindo três ovos para Miss Elsie
a senhora da mercearia na Court Street
ela me deu oito ovos
porque ela sempre dava alguma coisa
ela me achava uma graça e ela não acreditava
em números ímpares. eu também não.
me lembro de você na mercearia
do Brooklyn

você costumava ficar lá atrás
brincando na secção das ferramentas.
se eu tivesse mais do que um coelho,
uma lâmpada ou uma pistola
eu teria te comprado um Black n' Decker
eu acho que você seria a pessoa mais feliz da ilha
com um Black n’ Decker enfiado no cinto.

foi assim que você pensou que eu ficaria no mundo,
usando flores em meu cabelo negro,
sempre escondidas no emaranhado dos cachos
sempre escondidas no emaranhado do caos
de minha cabeça negra.

só você sabia quantas flores eu usava
porque agora eu já sei
que você dedicava as noites
à contagem. Deus não dorme
e você também não.

(publicado originalmente na página "Risco", do Jornal O Globo

§

Obituário de J. Anderson Pritt, pela mão da viúva

um pedaço de aço? 
- vai lá e rouba. 
a entrada da barcaça no Ganges?
- vai lá e rouba.
os dentes do jaguar japonês?
- vai lá e rouba.
corações? pele, pelo, retina?
- vai lá e rouba.
o efeito supralunar de janeiro?
- vai lá e leva.
a receita mágica do refrigerante ou
o mecanismo do relógio de corda?
- vai lá e rouba. 
a hora do despertar do monge?
- vai e usa. 
anel de ouro?
- todo seu.
setenta e oito braçadas do salmão
que agora já sabe onde é a foz?
- vai lá e rouba. 
a canção tradicional da ilha 
entalada entre meridianos?
- vai lá e rouba. 
o farolim do carro armado? 
- leva, para o que der e vier.
o desenho fosforescente suspenso
na parede colombiana? 
- vai lá e toma. 
o fantoche que João o carpinteiro
levou anos para esculpir? 
- vai lá e rouba. 
constelações desmanteladas
fora da orbita terrestre?
- vai lá e abusa.
a cautela previsivelmente 
vencedora, loteria de Natal?
- vai lá e rouba. 
pulseira de palha do discípulo
natural? 
- vai lá e rouba. 

Morreu sozinho e pobre 
raspando farpa por farpa 
a lasca presa no coração 
de Dimas, o santo a quem
no céu chamaram Rakh. 

§

Piscinão blue

the real reason why we never jumped into the pool was
well freddy never was a good jumper betty never was a 
good sport aunt amy always talked about tea pots and 
tea plates and spoons and her lost loving pomegranates
and dad kept drawing leopards on every wall of our house
please don't ask about mom or mom's dress made of flowers
made of silk made of every shade of desmond's fears 
little timmy sang a song about our only friend kazakalim
whose skin was dark whose blood was dim whose chest
was shiny as the wooded flute that father used to clean
every morning every midday every night and every dawn
as mother danced around the oak tree which surely did
contain a bird contain a whale contain a stack of all our tears

§

I´ll have what she´s having

nunca vou ser bom para ti 
quero dizer
i talk to you for 5 hours 
and then i can't sleep 
vejo a meg ryan 
and then i can't sleep
sou a cara do billy crystal
and then i can't sleep
isto aqui não é manhattan
and then i can't sleep
acho que o teu corte 
de cabelo faz lembrar
vagalumes no sangue 
do menino Emanuel
que como eu disse
era feito de veias
perfume e ossos
campo elétrico uniforme
i talk to you for 5 hours
sobre genética divina
sobre genética humana
sobre jejum e urologia
and then i can't sleep
porque fico pensando
em Deus no filho de Deus
nos filhos de Deus 
nos cachos amarelados
nas camisas de colarinho blue
no espadachim do anjo torto
na estrada para Umbaúba
na barraquinha de
frankfurters and rolls
and then i lose my glasses
and then i can't sleep 
e tenho o rosto coberto de pó

§

O acrobata

I am too late for the birth of birds
but have come just in time for the
opening of a red chocolate bar

§

Learning to make fire

Let's go back into writing, Ed. No more broken bones and thrown out arrows. Quit, you and I, the wounded driving, the electric wet lanes, the shame of beards. There is no greater prince than the prince of solidity. I've been eating two apples a day: one at dawn and one in bed, as I watch the boats cast out the nets. Brilliant night visions, all made of fruit and fish. Flashlights make perfect compasses, kid. Rage doesn't. I still keep your tapestry underneath the wooded bed, whenever the structure is moved the rug is taken with it. Sorry about the word rug, sorry about the misspelling of lessons, sorry for not telling you about the rain or the effects of rain and yells all mixed together. No greater doom. Get your stuff, Ed. Nature is distressingly perfect around here.

§

Desmembramento de um semicírculo

Certo que nos dedicamos
a místicas peregrinações.
Exercitamos a respiração,
lutamos brigas orientais,
praticamos uma e sete vezes
a tradução do poema chileno.
Mas no fundo sabemos
que o que importa mesmo
é roçar a superfície negra
da pele do peito do anjo
que está vivo
que não dorme.

1.2.13

Revista de Estudios Monje Ikkyu Sojun (Chile)


Sobre Chicos índigo de Alejandro Mendez.
por Leandro Hernández Gómez
Chicos índigo (Bajo la luna, 2007) es un poemario compuesto por tres secciones – “Futuribles”, “Caja de voces” y “Lejos de casa”- que presenta, por un lado, una notable factura en el trabajo poético evidenciada en la conformación de un corpus cuidado y pulido, con dominio en el uso del lenguaje y, en particular, en la forma de construir los versos. Por otro, reactualiza y complejiza el tema de la infancia, desplegando una serie de matices que muchas veces nos descolocan como lectores. Así, el poemario de Alejandro Mendez (Bs. As., 1965), a través de la austeridad y la pulcritud textual, nos habla de la problemática de la niñez, y posterior adultez, de aquellos seres que se caracterizan por una manera diferente de vivir y observar el mundo.
Luego de una primera lectura del libro de Alejandro Mendez nos quedamos con sensaciones encontradas pues presenta altas dosis de ternura y sordidez entregadas con cuentagotas. Una a una esas gotas aparecen dejando un rastro a veces prácticamente imperceptible.
En “Futuribles” se escribe la mirada profunda y diferente de los niños respecto a un mundo que los rodea pero que no los toca. Una especie de niños/monjes, extáticos, que observan y traspasan las cosas para rescatar aquello que la normalidad ignora. Son niños ajenos al mundanal ruido, son extraterrestres o luciérnagas de un tiempo fuera del mismo.
En cambio, en la sección “Caja de voces”, se desliza la crítica a una sociedad en la que el niño también aparece como objeto y sujeto del deseo, como trofeo, como estampita coleccionable. Pero también como un ser capaz de convivir con la muerte, la maldad y la violencia. Sumado a esto una extraña conciencia cándida respecto de la fugacidad de todo, de la obsolescencia de todo, incluida la propia inocencia. Hasta la pedofilia tiene su lugar en todo este armazón textual. Así, el poemario se torna inquietante.
En “Lejos de casa” ya la cuestión es más clara y nos permitimos establecer una relación con ese libro fundamental de Gastón Bachelard, pero que ya casi nadie lee: La poética del espacio. En éste, entre otros aspectos, se entiende a la casa como nuestro rincón en el mundo, nuestro primer universo, cuyo primer apego no se siente durante nuestra vida adulta, tan despojada de los bienes primeros. Así, el escritor y crítico francés, sostiene que la casa es uno de los mayores poderes de integración para los pensamientos, los recuerdos y los sueños del hombre. Una integración cuyo principio unificador es el ensueño. De ese modo, para los hablantes que se presentan en “Lejos de casa” pareciera que el crecer es la expulsión del paraíso. La adultez no sólo es los bigotes y las canas, es también el exilio, la pérdida y el desarraigo.
Alejandro Mendez nos enrostra que somos adultos a la deriva, pero que podemos hallar un sentido a través de la vuelta a esa casa y que eso finalmente es la literatura, que eso es la poesía: una manera de poder volver. Porque Chicos índigo es también un poemario de ciencia ficción que pareciera entender al poeta como un replicante y al oficio de escribir como una máquina del tiempo, o un cinto espacio temporal para aquellos que crecimos con “Mampato”. Ésa es la utopía que Mendez hace realidad a través de sus textos, pero también es la conciencia ominosa de que todo está destinado al fracaso y que es en ambos extremos donde debemos saber jugarnos la vida, porque como dice el propio Méndez, “Sos el paciente espectro, el niño insepulto vagando por el camposanto”.

De Chicos índigo
MARÍA (6 AÑOS)
Su forma
de estar,
así
en silencio.
Séquito ululante
al servicio
de pensamientos
eclipsados.
No obstante,
el sol,
los juegos,
el encandilamiento,
la golosina
brillante.
LOLA (12 AÑOS)
Habías acortado la
distancia al futuro,
abdicando de
tu dicha cósmica,
símil poltergeist.
El aleteo de
la mariposa
de hoy
(Humbert, Humbert)
será esa larva
inverosímil de
mañana.
Imposición
de manecitas
santas,
para las confesiones
de un viudo de
raza blanca.
¡Ay, Lola!
este lugar revisitado
de magia inversa,
en tu mente,
huérfana de
pasado.
FELIPE (9 AÑOS)
Donde van sus ojos
y detrás la luz:
pliegue del vislumbre
en el horizonte
deseado.
Un trazo de carbonilla
elide la traición
en el hueco de gozo
rutilante.
Destila su tropismo
indolente,
el niño obnubilado
por la incandescencia
del mundo.
Felipe
surfea la oquedad
del patio escolar:
de su tablero de
ajedrez
al falso lebrel del
portero.